Dicen que comer aguacate está de moda, y quizá es cierto para algunos, pero en nuestra casa no faltan nunca desde… quién sabe cuándo, somos consumidores de esta fruta desde antes de independizarnos, y de eso hace ya unos años. El caso es que una de las tendencias de decoración con alimentos vegetales actual es la de presentar un aguacate con forma de rosa, tema del que os hablamos e ilustramos en este post.

Pero igual de llamativas y ricas pueden ser las presentaciones que se hacen con otros alimentos que también son de consumo habitual, algo que también es más antiguo de lo que muchas personas piensan. En cualquier caso, el tema de hoy no es para hacer una reflexión, sino que queremos ir a la parte práctica para que este verano vistáis vuestros platos con una rosa de pepino.

Esta hortaliza, aunque se consume todo el año, en verano se come mucho más porque es un alimento ligero y refrescante, es ideal para ensaladas y también para aperitivos e incluso para guarniciones de carnes y pescados. Lo de utilizarlo como decoración de un plato se nos queda corto, porque sí, el pepino con forma de rosa puede ser un elemento decorativo de un plato, pero no es su única función, es un alimento y también está para comerlo.

Para hacer una rosa con pepino para guarnición es imprescindible una mandolina que permita cortar finísimas rodajas de pepino, con su piel, todas iguales. También podría valer un cuchillo bien afilado, pero a esto habría que añadir mucho control y práctica para hacer todas las rodajas igual de finas, así que en este caso es mejor optar por la mandolina, y si no la tenéis, en el mercado hay mucha variedad y a buenos precios.

Para hacer la rosa es necesario un trozo de pepino tipo holandés, que tiene la piel más fina, de unos 10 centímetros de largo (no hace falta cortarlo todo) y de la parte central para que sea homogéneo, entonces se debe graduar la mandolina para hacer un corte de aproximadamente 1’5 milímetros de grosor, con ello se consigue que las láminas sean flexibles y que se adhieran unas a otras, y finalmente cortar el pepino.

Después viene el trabajo entretenido, y es formar una fila con todas las láminas de pepino solapándolas parcialmente, y a continuación hay que empezar a enrollar desde el extremo por el que se han empezado a colocar las rodajas de la hortaliza. Hay que hacerlo con mimo y con cierta presión para que quede un paquete apretado. Una vez que se llega al final y se ha obtenido un cilindro, hay que cortarlo por la mitad para obtener dos rosas de pepino, y una base estable para colocarlas sobre el plato.

Imprescindible el cuchillo bien afilado, esto no debe faltar nunca en una cocina, y sujetando el cilindro de pepino con firmeza, pero con delicadeza, se corta por la mitad como podéis ver en el vídeo. Después sólo hay que colocarlo en el plato de modo que se puedan apreciar los ‘pétalos’ de pepino, y lo de condimentarlo, queda en manos de cada uno.

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