Criterios de selección de castigos:  

  • Simplicidad y claridad
  • Certeza e inmediatez
  • Basarse en el principio de economía de fuerzas (mínimo monto suficiente para disuadir de modo de evitar costos muy altos en caso de cometer errores)

Represalias: Ojo por ojo

  • Nunca iniciar el conflicto
  • Nunca dejar sin castigo una conducta desviada.
  • Una vez efectuado el castigo estar dispuesto a cooperar si el otro jugador decide cooperar.
  • El problema es que cada error de percepción desata una cadena de desequilibrios.
  • Quien entra en una conducta tipo feudo no está dispuesto a terminarlo hasta que se considere satisfecho. El conflicto toma una dinámica propia.

Alternativas a ojo por ojo

  • Adoptar una estrategia que sea tolerante cuando un desvío parece ó ser una excepción y castigue cuando parezca ser la regla:
  1. Comenzar cooperando
  2. Continuar cooperando
  3. Mantener un registro de cuántas veces la otra parte parezca haberse desviado ante una actitud propia de cooperación.
  4. Si este porcentaje parece inaceptable, revertir a ojo por ojo.
  5. Después de un tiempo prudencial, volver a cooperar “bajo libertad condicional”
  • Ojo por ojo se emplea como castigo, no como premio.

  • Es importante considerar, que en ocasiones se ha distinguido entre “castigo positivo” (que consigue en administrar un estímulo aversivo después de la respuesta) y castigo negativo (que se produce cuando la respuesta impide la presentación de un refuerzo positivo).

Condiciones para que un castigo sea efectivo

  1. Se tiene que aplicar a una conducta concreta, claramente definida, que la persona castigada sepa perfectamente que la ha hecho y que está sometida a castigo. Castigos por considerar que no ha estudiado bastante o no se ha portado bien, etc. abren la posibilidad de ver el castigo como arbitrario y por tanto injusto. Hay que concretar la conducta. En los ejemplos anteriores habría que castigar: No has hecho los deberes o te has pegado con tu hermano.
  2. Como consecuencia de lo anterior, cuando se castiga hay que dejar muy claro que el castigo se dirige a la realización de una conducta, no a la persona. Hay que evitar descalificaciones personales como eres malo o tonto, etc. Lo que se plantea es un castigo a la conducta que ha realizado y no a sus cualidades personales.
  3. El castigo no debe responder a una reacción emocional del castigador; sino que se ha de aplicar siempre que se dé la conducta. Si se castigase solamente a veces, dependiendo del estado de ánimo del castigador, se está induciendo a que el castigado pruebe a ver si hay suerte y esa vez no hay castigo.
  4. El castigo tiene que seguir lo más inmediatamente posible a la conducta castigada. Es un principio básico del aprendizaje. Son mucho menos efectivos los castigos diferidos, como no saldrás este fin de semana o no irás de vacaciones. Supongamos que el lunes un niño ha pegado a su hermano y se le castiga sin salir el fin de semana; y que el resto de la semana se ha portado normal con su hermano y ha traído unas notas excelentes. Si se le aplica el castigo impuesto, se dejará de potenciar su conducta de estudio y si no se le aplica el castigo quedará en una amenaza inútil, disminuyendo la eficacia de futuras amenazas.
  5. La persona que realiza una conducta busca unas consecuencias determinadas. Si se castiga dicha conducta, se tiene que dar una alternativa para conseguir de otra manera esas consecuencias. Por ejemplo, si alguien roba para comer, se le puede castigar fuertemente; pero sería muy positivo que se le dieran alternativas para conseguir el dinero que necesita sin estar expuesto al castigo. Es una forma de reforzar conductas positivas. Si no se da está posibilidad, se potencian conductas agresivas contra el que castiga. Otro ejemplo, si se le ha castigado sin paga semanal por no estudiar, se le puede dar la alternativa de que la vaya ganando estudiando día a día. Así se refuerza el estudio que es lo que se quiere potenciar. Se aprovecha que el castigo potencia las conductas que pueden evitarlo.
  6. El castigo solamente funciona cuando la persona es consciente de la posibilidad de ser castigado. Si el niño se lava los dientes por miedo a que su padre le castigue si no lo hace, cuando el padre no esté no se lavará los dientes. Esto implica que se intentará que quien castiga no se entere de lo que se ha hecho. Por tanto, cuando desaparece la posibilidad de ser castigado la conducta podrá volver a repetirse.

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